El próximo martes 27 de octubre, Israel llevará a cabo elecciones para elegir a los 120 integrantes de la Knéset, en un proceso que se perfila como un punto de inflexión para el liderazgo de Benjamín Netanyahu. Este comicio representa la primera votación nacional tras los conflictos bélicos iniciados con el ataque de Hamás en octubre de 2023 y las tensiones posteriores con Líbano e Irán.
El escenario electoral se caracteriza por una alta fragmentación, donde el objetivo principal no es solo la elección de un representante, sino la capacidad de los bloques para alcanzar los 61 escaños requeridos para conformar un gobierno. Actualmente, las proyecciones muestran un equilibrio precario: el bloque liderado por Netanyahu ronda los 52-53 escaños, mientras que las fuerzas de oposición se sitúan entre los 53 y 54, sumado a la presencia de partidos árabes.
Principales contendientes y dinámicas de poder
Benjamín Netanyahu, de la formación Likud, busca asegurar la continuidad de su gestión enfocando su campaña en la seguridad nacional y el liderazgo fuerte necesario tras las recientes guerras. No obstante, su posición enfrenta el escrutinio de sectores que exigen investigaciones sobre los fallos de seguridad previos al 7 de octubre de 2023.
En la acera opuesta, Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y figura de Yashar, surge como un referente de la oposición con un perfil militar que busca revisar las responsabilidades de seguridad nacional. Por su parte, Naftali Bennett, de Together/Beyachad, mantiene una posición estratégica al atraer votos de centro y derecha, habiendo manifestado su disposición a apoyar a otros líderes si no logra la mayoría.
El impacto del sistema parlamentario y la geopolítica
Debido al sistema de representación proporcional en Israel, partidos con pocos diputados podrían convertirse en piezas clave para las negociaciones de coalición. Además, el umbral electoral del 3,25% es determinante, ya que cualquier variación mínima en los votos puede alterar el equilibrio de fuerzas en el Parlamento.
Más allá de las fronteras locales, los resultados de estas elecciones tendrán repercusiones globales, especialmente en la gestión de la amenaza nuclear de Irán, la relación con Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump y los procesos de normalización en Medio Oriente, incluyendo la relación con Arabia Saudita y el futuro de la cuestión palestina en Gaza.
Posibles desenlaces tras la jornada electoral
El análisis político contempla tres rutas posibles para el país:
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Continuidad: Netanyahu logra reunir la mayoría necesaria con apoyo de sectores religiosos y de derecha. -
Alternancia: La oposición logra articular una coalición bajo el liderazgo de figuras como Eisenkot o Bennett. -
Bloqueo: Ningún grupo alcanza los 61 escaños, derivando en una crisis de negociaciones y una parálisis política.

