La reciente derrota de los republicanos en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos ha provocado que diversas fuerzas de la derecha europea, como Vox, el partido de Meloni en Italia y el Reagrupamiento Nacional en Francia, intenten marcar una distancia política con Donald Trump. Este cambio de estrategia responde a que la figura del mandatario estadounidense ha dejado de ser un símbolo de éxito electoral para convertirse en un factor de riesgo político para sus antiguos aliados en el continente.
El desgaste de la imagen de Trump, sumado a las tensiones por su política exterior y el costo de vida, ha obligado a estos movimientos a intentar blindar sus proyectos nacionales. Ahora, los líderes que antes mostraban cercanía con el movimiento MAGA prefieren argumentar que sus agendas son independientes de las decisiones que se toman en Washington, buscando evitar que las repercusiones de la política estadounidense afecten su propio apoyo popular.
El caso de Italia y el distanciamiento de Meloni
En Italia, la primera ministra Giorgia Meloni ha reducido notablemente su cercanía con el presidente estadounidense. Aunque anteriormente mantuvo una relación estrecha, la gestión de Trump en temas de comercio y la intervención militar en Irán han complicado el discurso de la mandataria italiana, quien defiende la estabilidad y los intereses de su nación.
Un punto de ruptura significativo fue el desacuerdo sobre las declaraciones de Trump respecto al papa tras los bombardeos en Irán. Meloni calificó de “inaceptables” los comentarios del mandatario, lo que provocó una respuesta de Trump cuestionando su valentía. En este sentido, Antonio Tajani, líder de Forza Italia, ha enfatizado que su formación es conservadora pero no partidaria del trumpismo, mientras que incluso Matteo Salvini ha tenido que adaptarse a este nuevo escenario político.
Estrategias de supervivencia en Francia, España y Alemania
En Francia, los dirigentes del Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen y Jordan Bardella, intentan proteger su imagen electoral. Bardella ha señalado que los votantes franceses deciden según sus propias circunstancias y que la política de Estados Unidos no dicta el comportamiento en Europa. Por su parte, Louis Aliot ha atribuido el declive de Trump a su intervención en Irán, tratando de separar la ideología de las consecuencias de sus actos.
Situaciones similares se viven en otros países europeos:
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España: Santiago Abascal, líder de Vox, ha restado importancia al resultado republicano argumentando que es común que los presidentes sufran retrocesos en las elecciones de mitad de mandato. -
Alemania: Alice Weidel, de la AfD, ha criticado que Trump no haya cumplido sus promesas de evitar intervenciones militares, lo cual ha impactado negativamente en la economía y el costo de la energía.
El costo de la alianza ideológica
Para expertos como Jeremy Cliffe, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, la relación entre la derecha radical europea y Trump siempre tuvo matices distintos. Aunque la afinidad ideológica sobre inmigración y soberanía persiste, el costo de estar asociados a un líder cuyo desgaste puede perjudicar los intereses nacionales de sus aliados se ha vuelto demasiado alto.
En el Reino Unido, Nigel Farage también ha reconocido que el panorama ha cambiado, especialmente entre los sectores más jóvenes que ahora muestran mayor rechazo a los conflictos bélicos y al costo de vida. Aunque las coincidencias en temas de identidad y migración siguen vigentes, los movimientos europeos están recalculando cuánto les conviene seguir vinculados públicamente a la figura de Trump.

