El gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo anunció su salida del Parlamento Centroamericano (Parlacen), un movimiento que ocurre apenas un día después de que la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobara una resolución de condena contra Nicaragua. La decisión de Managua se produce en un contexto de creciente aislamiento, tras la aprobación por unanimidad de un documento en Washington que exige la liberación de presos políticos y el restablecimiento de las libertades civiles en el país centroamericano.
La resolución de la OEA, ratificada el 2 de octubre, también demanda la recuperación de la separación de poderes y la creación de condiciones para realizar elecciones libres e inclusivas. Aunque países como México, Brasil y Uruguay presentaron observaciones, el consenso internacional se mantuvo firme, sin que ninguna nación saliera en defensa de la administración de Ortega.
Ruptura con organismos regionales
La Cancillería nicaragüense notificó que el retiro del Parlacen tendría “efecto inmediato”, aunque inicialmente no detalló los motivos. Posteriormente, Rosario Murillo justificó la medida alegando que el organismo “no ha logrado cumplir su objetivo y función” en beneficio de las familias centroamericanas. Este hecho se suma a una serie de abandonos de instituciones internacionales que el gobierno de Nicaragua ha ejecutado cuando sus informes o decisiones chocan con los intereses del régimen.
Desde el año 2021, Nicaragua ha formalizado su salida de entidades como la OEA, la FAO y la Corte Centroamericana de Justicia. También se han anunciado retiros de organismos de las Naciones Unidas vinculados a la educación, los derechos humanos, el trabajo y la migración.
Análisis de la estrategia política
El ex diputado y analista político Eliseo Núñez explicó que el abandono del Parlacen busca enviar un mensaje de advertencia a la región centroamericana. Según Núñez, Ortega elige instituciones que no afectan su economía para demostrar que podría retirarse de otros sistemas de integración. El analista comparó esta táctica con una amenaza, señalando que es como “cuando vos, en lugar de pegarle a alguien, le enseñás la faja”.
Núñez describió esta conducta como la estrategia del “mendigo apestoso”, donde el mandatario busca volverse un interlocutor tan conflictivo que otros gobiernos prefieran evitar el enfrentamiento para no lidiar con su postura. “Él trabaja todos los días para convertirse en alguien tan difícil, tan complejo que nadie lo quiera tocar. Es como querer convertirse en un puerco espín para que nadie se le acerque”, detalló el experto.
Contradicciones y permanencia económica
A pesar de las rupturas políticas, el gobierno nicaragüense mantiene su participación en organismos que facilitan el comercio y el financiamiento. Núñez destacó que Nicaragua no se retira de instituciones como el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI), ya que estas son vitales para la economía nacional.
El historial de salidas incluye la UNESCO, tras el otorgamiento de un premio de libertad de prensa al diario La Prensa, y la FAO, luego de que esta publicara datos sobre subalimentación en el país. Asimismo, el gobierno se desvinculó de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en 2025, acusándolas de injerencia política.
En el ámbito regional, aunque Nicaragua ha perdido influencia en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA) tras cambios en sus reglas de votación, sigue formando parte de su subsistema económico y ha ocupado recientemente la Presidencia Pro Témpore de la integración económica centroamericana.

