En medio de una transformación preocupante en los medios de comunicación de la República Dominicana, el respeto por el lenguaje y la buena dicción resurgen como valores esenciales para el debate público. El analista social y comunicador Francisco Manuel Ortega destaca que, a pesar de la tendencia hacia la estridencia, aún existen profesionales que mantienen la consideración hacia su audiencia y el rigor en sus intervenciones.
El autor pone como ejemplo el trabajo de Haime Thomás, comunicador que desde Santiago de los Caballeros ha logrado un estilo particular tanto en la televisión como en medios digitales. Sus participaciones en espacios como El Cafecito y La Hora Estelar, junto a Iliana Rosario, son presentadas como modelos de cómo se puede informar y analizar la realidad nacional sin necesidad de caer en la vulgaridad o los ataques personales.
La crisis de la improvisación en los medios
Ortega señala una tendencia negativa en la comunicación actual, donde muchos programas buscan ganar audiencia mediante el escándalo y el aumento del volumen de voz, sacrificando la profundidad de las ideas. Asimismo, manifiesta su preocupación por personas que, careciendo de preparación o dominio del idioma, asumen roles de conducción o entrevista para tratar temas de interés nacional.
Aunque el analista aclara que la formación académica no es el único camino para ser un buen profesional, enfatiza que ni la experiencia ni el aprendizaje autodidacta pueden justificar la improvisación constante. Para el autor, la comunicación conlleva una responsabilidad social, ya que las palabras de quien usa un micrófono tienen el poder de orientar y formar criterios en la sociedad.
El valor de la cortesía en el debate
El texto resalta que la cortesía no debilita la firmeza de los argumentos. Al contrario, el respeto al interlocutor y la capacidad de realizar preguntas inteligentes sin ser ofensivos son elementos que fortalecen la credibilidad de un comunicador. El analista sostiene que la idiosincrasia dominicana permite la alegría y la espontaneidad sin que esto signifique recurrir a la chabacanería para alcanzar el éxito.
Finalmente, se hace un llamado a las nuevas generaciones de comunicadores para que busquen referentes que valoren la preparación y la riqueza del idioma. El debate público dominicano se ve enriquecido cuando las diferencias se gestionan mediante argumentos y no a través de descalificaciones, recordando que la verdadera comunicación se basa en el uso correcto de la palabra y no en el ruido.
