El Teatro Nacional se transportó a la década de los 20 con la puesta en escena de “Chicago: el musical”, una producción que destaca por su intensidad y energía. La obra, bajo la dirección de José Llano, logra recrear la esencia del clásico de Broadway mediante un despliegue de actuaciones de alto nivel y una propuesta visual muy bien cuidada.
La puesta en escena no solo se apoya en el talento de sus intérpretes, sino también en coreografías que mantienen viva la atmósfera característica de este espectáculo. El montaje combina elementos visuales y un ritmo constante que busca sumergir al público en la época que narra la historia.

