Un grupo de más de 160 ciudadanos haitianos aterrizó este jueves en la ciudad de Cabo Haitiano, marcando el inicio de las deportaciones masivas tras la eliminación del Estatus de Protección Temporal (TPS) por parte del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos. Debido al alto riesgo de seguridad en la capital, el vuelo tuvo que desviarse hacia el norte del país para evitar el aeropuerto de Puerto Príncipe, el cual se encuentra bajo el control de bandas criminales.
La llegada de estos migrantes ocurre en un contexto de extrema inseguridad en Haití, donde las pandillas dominan gran parte del territorio. Muchos de los deportados llegaron con el rostro cubierto y vistiendo de blanco, evitando cualquier contacto con la prensa por temor a represalias de los grupos delictivos que controlan cerca del 70% de la capital.
Retos para la recepción de los migrantes
Jean Négot Bonheur Delva, quien dirige la Oficina Nacional de Migración de Haití, aclaró que el Estado no solicitó este retorno forzoso, sino que su labor se limita a recibir y acompañar a las personas hasta sus hogares. Entre los pasajeros se encuentran tanto beneficiarios del programa TPS como individuos que cumplieron penas de cárcel en suelo estadounidense.
Las autoridades haitianas han ofrecido un apoyo básico de comida, bebida y un máximo de 65 dólares a los recién llegados. Delva también señaló que algunos deportados no tienen vínculos directos con la isla, pues algunos nacieron en la República Dominicana o en otros lugares, aunque posean ascendencia haitiana.
Inseguridad en las rutas y crisis humanitaria
El traslado de los deportados hacia sus zonas de origen representa un peligro mortal. Muchos planean dirigirse al sur o al oeste de Haití, rutas que actualmente son controladas por pandillas que disparan contra cualquier vehículo que circule por ellas. El director de migración mencionó que el gobierno buscará ayudar a los migrantes a reencontrarse con sus familias, ya sea en Haití o en la República Dominicana.
Activistas y organismos internacionales han lanzado alertas sobre la incapacidad de Haití para absorber este flujo migratorio. Con una población de casi 12 millones de personas y más de la mitad necesitando ayuda humanitaria, el país enfrenta una crisis de violencia que ha desplazado a 1.5 millones de personas y ha causado miles de muertes en lo que va del año.
Impacto de las decisiones judiciales en EE. UU.
Este proceso se desencadenó luego de que la Corte Suprema de Estados Unidos permitiera el fin del programa TPS, afectando potencialmente a un millón de personas en diversos países. Aunque hubo intentos legales para frenar las deportaciones, las órdenes judiciales no lograron detener el proceso de expulsión de los haitianos.
Uno de los deportados, Jean Diane Louis, relató que fue enviado de vuelta tras cumplir una condena en Estados Unidos, alegando que no cometió el delito por el que fue sentenciado.
“Luego vino el ICE y me llevó sin interrogarme. Simplemente me enviaron aquí”
, declaró Louis, quien había salido de Haití cuando era apenas un niño de 5 años.

