La estructura económica de la República Dominicana ha experimentado una transformación profunda, pasando de un modelo basado en productos tradicionales como la caña de azúcar a uno sustentado principalmente por el turismo y las zonas francas. Este cambio ha desplazado el peso de la actividad agropecuaria, la cual actualmente representa apenas el 4.5 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, según datos del sector.
En este nuevo escenario, la producción de arroz se mantiene como un componente relevante, aportando cerca del 15 % al PIB agropecuario. Este rubro genera aproximadamente 80,000 empleos y cuenta con la participación de unos 30,000 productores, aunque la mano de obra de jornaleros es mayoritariamente de origen haitiano indocumentado, mientras que los trabajadores dominicanos se concentran en labores técnicas y de maquinaria.
Desafíos comerciales y el impacto del DR-CAFTA
Uno de los retos más críticos para el sector es la situación comercial derivada del acuerdo DR-CAFTA. Tras cumplirse los periodos de gracia establecidos en 2004, el arroz dominicano perdió la protección arancelaria frente a las importaciones provenientes de Estados Unidos, las cuales enfrentan un arancel del 12.5 % impuesto por el país norteamericano.
Ante esta realidad, existe la posibilidad de que se inicien negociaciones con el gobierno de los Estados Unidos para intentar restablecer condiciones que protejan ciertos bienes nacionales, aunque esto sigue siendo una incertidumbre para el sector productivo.
Hacia una mayor competitividad en el campo
Para enfrentar la competencia internacional, el sector agropecuario requiere fortalecer su eficiencia. Al respecto, el ministro de Agricultura ha señalado la necesidad de poner el “énfasis en la planificación, tecnología y mecanización.”
Sin embargo, para que estos planes sean efectivos, se requiere que las autoridades definan con precisión los recursos y las metas de productividad. Entre las medidas necesarias para el fortalecimiento del campo se encuentran:
- Estímulos fiscales y facilidades para la compra de maquinaria.
- Control de precios de los insumos básicos para evitar la especulación.
- Garantías de comercialización con precios mínimos para los productores.
- Acceso a financiamiento con tasas de interés preferenciales.
Finalmente, se plantea la necesidad de un modelo económico que promueva la integración vertical de la industria, permitiendo que sectores como el cárnico utilicen materia prima local, y que la política económica priorice la creación de empleos dignos para los dominicanos, reduciendo la dependencia de las remesas y fortaleciendo la estabilidad social del país.

