El periodista y abogado Roberto Monclus ha puesto sobre la mesa una reflexión profunda sobre el estado de la democracia en la República Dominicana, inspirada en la lectura del libro ‘Cómo mueren las democracias’, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt. En su análisis, Monclus advierte que el deterioro democrático no suele ocurrir por golpes de Estado, sino a través de decisiones legales y reformas institucionales que, aunque parecen normales por separado, pueden debilitar los contrapesos del sistema.
La reciente entrada en vigencia del nuevo Código Penal en el país ha reavivado el debate sobre los límites entre la protección de derechos y la libertad de expresión. Organizaciones defensoras de la libertad de prensa han señalado que algunos de los nuevos tipos penales podrían inhibir el trabajo periodístico, mientras que los defensores de la norma argumentan que busca proteger derechos fundamentales como el honor, la intimidad y la dignidad de las personas. Monclus destaca que este contraste de posiciones merece un análisis sereno y desapasionado.
La advertencia de Levitsky y Ziblatt sobre el deterioro democrático
El autor de la columna subraya que el libro ‘Cómo mueren las democracias’ advierte que el deterioro institucional suele ser silencioso y gradual. Los autores identifican señales de alerta como el debilitamiento de los controles institucionales, la deslegitimación de las voces críticas y el uso expansivo de herramientas legales contra adversarios o sectores incómodos. Monclus aclara que no toda reforma legal conduce al autoritarismo, pero insiste en la importancia de examinar cuidadosamente cualquier norma que pueda afectar el equilibrio entre el poder y las libertades públicas.
El columnista reconoce que sería injusto afirmar que el presidente Luis Abinader representa el perfil de un gobernante totalitario descrito por los autores. Durante sus seis años de gestión, el país ha mantenido elecciones competitivas, el funcionamiento de los partidos políticos y un debate público relativamente abierto. Sin embargo, Monclus advierte que las democracias no dependen solo de la voluntad del jefe del Poder Ejecutivo, sino también de la conducta del Congreso Nacional, el sistema de justicia y los demás órganos del Estado.
El autor concluye que el debate sobre el nuevo Código Penal debe centrarse en garantizar que la protección de derechos individuales no termine limitando de manera desproporcionada la libertad de expresión ni el derecho de la sociedad a recibir información. La democracia dominicana ha demostrado fortaleza durante décadas, pero esa fortaleza depende de instituciones capaces de tolerar la crítica, proteger el disenso y preservar una prensa libre e independiente. La lección más vigente del libro, según Monclus, es que las democracias no se pierden de un día para otro; se erosionan cuando la sociedad deja de vigilar, debatir y defender las libertades que les dan sentido.

