A solo unos meses de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, el debate nacional se ha centrado casi por completo en las instalaciones deportivas: si estarán listas a tiempo, cuánto dinero se ha gastado y qué imagen proyectará el país. Sin embargo, hay una pregunta clave que pocos se hacen: ¿quiénes son los atletas que llevarán la bandera dominicana?
La mayoría de los ciudadanos no podría reconocer el rostro de muchos de los competidores que han dedicado años de entrenamiento para representar a la República Dominicana. Se sabe cuánto costó un estadio, pero se desconoce el nombre de la joven que buscará una medalla en atletismo o del muchacho que competirá en judo, natación, esgrima o levantamiento de pesas.
Más que medallas, referentes sociales
Las grandes competencias no solo sirven para ganar preseas; también son una oportunidad para construir modelos a seguir. Cada atleta puede convertirse en un ejemplo de disciplina, perseverancia, sacrificio y superación para miles de niños y adolescentes que buscan referentes en una sociedad donde a menudo se premia la polémica, la superficialidad o la fama sin esfuerzo.
Cuando un niño conoce la historia de un campeón, entiende que el éxito también puede llegar madrugando para entrenar, renunciando a comodidades y trabajando durante años por un sueño. Por eso, la inversión no debería terminar cuando se inaugura una instalación deportiva.
Visibilidad para inspirar
También hay que invertir en hacer visibles a los atletas, no para convertirlos en celebridades vacías, sino para que sean referentes. Para que sus nombres sean conocidos, sus historias inspiren y aparezcan en campañas públicas, escuelas, medios de comunicación y en las vallas que hoy casi siempre están reservadas para artistas, políticos o figuras del entretenimiento.
Cuando una sociedad decide quién ocupa sus espacios de mayor visibilidad, también está decidiendo qué valores quiere promover. Imaginen el impacto de que un niño vea cada mañana el rostro de una campeona dominicana camino a la escuela, conozca su historia y descubra que proviene de un barrio parecido al suyo y que, gracias al deporte, pudo representar a todo un país. Ese mensaje vale mucho más que cualquier discurso.
Los Juegos Centroamericanos y del Caribe pueden dejar un legado físico en forma de modernas instalaciones deportivas. Pero el legado más importante sería otro: que al terminar la competencia, toda la República Dominicana conozca a sus atletas, celebre sus historias y los convierta en los nuevos rostros de una generación que necesita creer que el éxito también se alcanza con disciplina, esfuerzo y trabajo. Porque los estadios se construyen una sola vez, los héroes deportivos pueden inspirar durante generaciones.

