Guatemala vive un 2026 para el olvido en todas sus selecciones de futbol. Tras quedarse fuera del Mundial absoluto, las derrotas se han vuelto una constante en todas las categorías, destapando una crisis estructural que va más allá de la cancha.
La Selección Mayor abrió el año perdiendo sus cuatro partidos de preparación, recibiendo 14 goles y mostrando una alarmante falta de identidad y solidez defensiva. El equipo, sin capacidad de reacción, dejó una imagen muy pobre de cara a lo que viene.
Las categorías inferiores también se quedan cortas
En febrero llegó otro golpe duro: la Sub-17, jugando en casa, se quedó sin Mundial por segundo año consecutivo. El verdugo fue el mismo de siempre, Haití, que repitió la dosis y dejó a los guatemaltecos sin boleto a la cita mundialista, a pesar de que el formato se amplió a 48 selecciones.
La Sub-20 tampoco se salvó del fracaso. Aunque logró mantenerse con vida en la fase de grupos gracias al formato, volvió a caer en la orilla del Mundial. Contra Estados Unidos, el equipo mostró momentos competitivos e incluso se puso al frente en el marcador, pero los errores defensivos y la falta de capacidad para sostener el resultado lo condenaron por segundo Premundial consecutivo.
La participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, en República Dominicana, tampoco fue mejor. Bajo la dirección de Willy Coito Olivera, el equipo perdió todos sus compromisos frente a República Dominicana, Venezuela y México, dejando una imagen muy pobre de lo que debe ser una selección nacional.
El futbol femenino también sufre
La crisis también golpeó al futbol femenino. La Sub-17 Femenina desperdició la oportunidad de pelear por su primer Mundial al caer frente a Haití, cuando un empate le bastaba para seguir con vida. Después, la Mayor Femenina quedó eliminada de la Concacaf W al perder 0-3 contra Costa Rica, despidiéndose de la lucha por el Mundial de Brasil y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Si bien la responsabilidad de conducir los procesos recae en la Federación Nacional de Futbol, la raíz del problema va mucho más allá, donde los clubes también son responsables. Los constantes fracasos reflejan la deficiente formación de futbolistas en los clubes, incapaces de producir jugadores preparados para competir al máximo nivel. Ni siquiera el reclutamiento de futbolistas en el extranjero ha logrado cambiar una realidad que hoy expone el verdadero nivel del futbol guatemalteco.

