Análisis. Hay una diferencia entre administrar un sector y redefinir qué es ese sector. Lo que ha ocurrido en el turismo dominicano durante los últimos meses corresponde a lo segundo, y conviene mirarlo con atención porque tiene implicaciones que van más allá de las cifras de llegadas.
Primera reubicación: el turismo como política económica
En julio, ante el Comité Ejecutivo de la Comisión Latinoamericana de Aviación Civil, David Collado planteó una tesis que reordena categorías: la aviación no es un tema turístico, es política económica.
La distinción no es semántica. Cuando la conectividad aérea se clasifica como asunto turístico, compite por recursos y atención dentro del presupuesto de un ministerio sectorial. Cuando se clasifica como política económica, entra en la conversación de gabinete junto a comercio exterior, inversión extranjera y competitividad nacional.
El ministro sostuvo que durante años los países de la región priorizaron la promoción internacional y los acuerdos comerciales mientras descuidaban el desarrollo de rutas. El resultado de corregir ese orden se ve en el mapa de mercados: Colombia desplazó a Francia, Inglaterra y Alemania como emisor hacia República Dominicana, y crecieron Argentina, Chile, Perú, El Salvador y México.
Detrás hay dos logros de gestión que cuesta exhibir porque no producen fotos: el acuerdo de cielos abiertos con Estados Unidos, esperado por más de un cuarto de siglo, y la superación de la inspección de la FAA. Ninguno de los dos es una playa nueva ni un hotel inaugurado, pero ambos determinan cuántos aviones pueden aterrizar.
Segunda reubicación: el eslabón que nadie promociona
A los pocos días de ese planteamiento, el ministerio firmó en La Altagracia un memorándum de cooperación con la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte, suscrito junto a su secretario general, Stephen Cotton, durante la reunión del Comité Nacional de Coordinación del Caribe.
El acuerdo contempla intercambio de buenas prácticas internacionales y cooperación técnica para elevar estándares de seguridad, calidad, innovación y sostenibilidad en el transporte vinculado al turismo. La ITF entregó además un reconocimiento a Collado por su trabajo en turismo sostenible y por promover la cooperación entre ambos sectores.
Aquí está lo interesante desde el punto de vista de gestión de destino. El transporte terrestre es el eslabón invisible de la cadena turística: no aparece en los folletos, no se promociona en ferias internacionales, y sin embargo es lo primero que un visitante experimenta al salir del aeropuerto y lo último antes de irse. Collado lo formuló señalando que los transportistas son la primera bienvenida y muchas veces el último recuerdo del país.
Un destino puede tener conectividad aérea de primer nivel y hoteles excelentes, y aun así deteriorar la experiencia en el trayecto entre ambos.
La lógica completa
Puestas en secuencia, las dos decisiones dibujan un enfoque de cadena: asegurar que el visitante pueda llegar, y asegurar que lo que ocurre entre el avión y la habitación no arruine el resto.
Los indicadores sugieren que la lógica funciona. Con 4.4 puntos de satisfacción sobre 5 y 91% de intención de retorno, República Dominicana no solo está atrayendo volumen, sino generando repetición. Y en turismo la repetición es el indicador más económico de todos, porque el visitante que vuelve cuesta menos que el que hay que convencer desde cero.
Lo que falta en el cuadro
Conviene señalar también los puntos ciegos. La concentración de Punta Cana con 58% de las operaciones aéreas plantea una dependencia territorial que no se resuelve con acuerdos de conectividad. Y el peso del mercado estadounidense, con 48% de las llegadas en julio, expone al sector a cualquier contracción del consumo en ese país, por más que la diversificación latinoamericana avance.
El propio Collado ha mencionado la visión de multidestino como respuesta parcial: conectar a República Dominicana con otros mercados del Caribe y América Latina bajo la idea de que una mayor integración aérea beneficia a toda la región. Es una apuesta razonable, pero de resultados lentos.
Redefinir el turismo como política económica es un movimiento conceptual acertado. Sostenerlo exige que las siguientes decisiones sigan la misma lógica de cadena, y no vuelvan a la comodidad de la promoción como respuesta única.

