El economista y activista austriaco Günther Fehlinger-Jahn ha lanzado una promesa electoral que busca impactar en las relaciones internacionales: devolver el Penacho de Moctezuma a México si logra ganar las elecciones presidenciales de Austria en 2028. Esta propuesta coloca la restitución de la pieza arqueológica como uno de los puntos centrales de su plataforma política para el próximo ciclo electoral.
Fehlinger-Jahn utilizó sus redes sociales para difundir el mensaje, acompañando videos y fotos tomadas en el museo de Viena donde se resguarda el objeto. En su cuenta de X, el aspirante fue contundente al declarar:
“como presidente de Austria, devolveré el penacho a México”
. Esta iniciativa no es aislada, ya que el economista también ha planteado anteriormente la integración de México y Canadá en un bloque euroatlántico denominado “EU50”.
El origen y la ubicación de la pieza
El artefacto, que el Museo de Viena identifica oficialmente como el “Penacho del México Antiguo”, es una joya de gran valor compuesta por más de 400 plumas de quetzal y cotinga, además de elementos de oro. Aunque popularmente se le conoce como la corona del gobernante Moctezuma, diversos historiadores aclaran que se trata de un tocado ceremonial utilizado por sacerdotes o guerreros de alto rango.
Sobre su llegada a Europa, existen dos versiones principales. Una sostiene que fue un regalo de Moctezuma a Hernán Cortés en 1519, mientras que otras investigaciones sugieren que pudo ser un botín de guerra tras la conquista de Tenochtitlan. Los registros confirman que la pieza estaba en Europa desde 1596, pero fue en el siglo XIX cuando se estableció definitivamente en la capital austriaca tras la reorganización del patrimonio de los Habsburgo.
Desafíos técnicos para su traslado
A pesar de la promesa política, el retorno del tesoro prehispánico enfrenta obstáculos físicos considerables. Expertos han señalado que la estructura interna del tocado, compuesta por hilos y plumas, es sumamente delicada.
De acuerdo con informes sobre trabajos de restauración realizados entre 2010 y 2012 por especialistas de ambos países, cualquier intento de transporte por aire, mar o tierra podría causar vibraciones que destruirían la pieza de forma irreversible. Esta fragilidad ha sido el argumento técnico que ha frenado los intentos previos de gestión diplomática para su exhibición en territorio mexicano.

