El reciente encuentro de fútbol entre República Dominicana y Haití por la CONCACAF dejó una sensación de profunda inquietud en el país, más allá del 4 a 1 con el que los visitantes se llevaron la victoria el pasado jueves. El incidente que ha encendido las alarmas no fue el marcador, sino las declaraciones del jugador Wilson Isidor, quien afirmó:
“La Hispaniola es Haití, esto es Haití”
, en un estadio Félix Sánchez donde la gran mayoría de los asistentes eran de nacionalidad haitiana.
Este hecho ocurrió en las instalaciones del estadio Félix Sánchez, un recinto que fue renovado con fondos públicos dominicanos para los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y que durante el partido mostró una presencia de hinchada haitiana cercana al 90%. Además de los daños materiales en la infraestructura, el mensaje de Isidor es visto como una señal de un sentimiento de apropiación territorial que trasciende lo deportivo.
Impacto social y riesgos de integración
El análisis del evento sugiere que lo ocurrido en la cancha es un reflejo de una narrativa que busca la integración o fusión de la isla, un tema que ha sido advertido desde la era de Joaquín Balaguer. Se señala que la presencia de más de dos millones de haitianos en territorio dominicano, muchos de ellos en situación irregular, junto con la adquisición de propiedades y negocios por parte de extranjeros, representa un reto para la soberanía nacional.
El texto subraya que la situación se ve agravada por la postura de ciertos sectores empresariales que priorizan el beneficio económico inmediato sobre la seguridad del país, y por la presión de la comunidad internacional. Esto ha derivado en una saturación de los servicios de salud y maternidades en la República Dominicana.
Llamado a la defensa de la identidad nacional
Ante este escenario, se plantea la necesidad de que la sociedad dominicana adopte una postura de organización cívica y exigencia de leyes estrictas. Se propone que, en lugar de soluciones improvisadas, se implemente un censo riguroso y se otorguen permisos de trabajo temporales con controles biométricos para regular la mano de obra extranjera.
La advertencia final es clara: la defensa de la cultura, el territorio y la Constitución debe ser una prioridad para los más de diez millones de dominicanos, evitando que la falta de respuesta ante estas provocaciones resulte en una pérdida gradual de la identidad patria.

