El analista Cristhian Jiménez lanzó una advertencia al Gobierno dominicano para que defina con total claridad el alcance de su colaboración con El Salvador en las operaciones militares dentro de Haití. Según Jiménez, es vital establecer límites estrictos para evitar que la solidaridad con el presidente salvadoreño Nayib Bukele termine provocando problemas que no se puedan controlar.
El contexto de esta alerta surge tras el secuestro de cuatro militares salvadoreños en suelo haitiano, un hecho que ha puesto en tensión la región. Jiménez señala que Bukele, visto como un referente populista para diversos políticos de la zona, podría realizar acciones arriesgadas con el fin de destacar su liderazgo frente a figuras como Donald Trump.
Tensiones diplomáticas y confusión territorial
La situación se ha complicado debido a la reacción de la cancillería haitiana, que manifestó su indignación por un video en redes sociales que sugiere una incursión de soldados dominicanos en Haití. Este reclamo diplomático ocurrió a pesar de la crisis humanitaria y la violencia extrema que azota al país vecino, donde se reportan más de 5 mil muertes entre enero y septiembre.
Existe una confusión sobre lo que realmente sucedió en la zona fronteriza. Mientras que algunos reportes indican que militares dominicanos habrían desalojado a personas haitianas de sus hogares, otras versiones sostienen que el Ejército dominicano ayudó a reubicar a ciudadanos haitianos hacia el lado oeste, incluso apoyando en la construcción de sus viviendas.
El rol de República Dominicana y el despliegue de Bukele
Por su parte, el presidente Luis Abinader confirmó que existe un compromiso de apoyo en inteligencia y logística hacia el mandatario salvadoreño. En este sentido, se ha registrado el paso de tropas y seis helicópteros por territorio dominicano; sin embargo, organizaciones en Haití han denunciado que estos equipos habrían bombardeado zonas civiles, acusación que Bukele ha negado rotundamente.
El líder de El Salvador ha comunicado a la población haitiana que su misión no es una invasión, sino el despliegue de 2 mil soldados para combatir “contra los malvados”. Este movimiento ocurre en un escenario donde Estados Unidos ha delegado responsabilidades en contratistas privados, en medio de un conflicto marcado por el tráfico de armas y drogas.
Finalmente, Jiménez enfatizó que República Dominicana podría verse afectada negativamente sin importar cómo termine la intervención. Por ello, hizo un llamado a que Abinader formalice por escrito, tanto ante la opinión pública como ante la ONU, hasta dónde llega realmente el compromiso dominicano con el estilo de liderazgo de Bukele.

