La mayor parte de la población en la República Dominicana carece de control sobre las instituciones del Estado, debido a que el sistema político actual favorece principalmente a los sectores más influyentes y acaudalados del país. Esta situación ha provocado que los trabajadores, tanto del campo como de la ciudad, así como los sectores menos favorecidos, no tengan una voz real en la toma de decisiones gubernamentales.
El análisis señala que, aunque existen múltiples organizaciones y partidos políticos en el territorio, ninguno está diseñado para blindar los intereses económicos o políticos de la clase trabajadora. Por el contrario, las estructuras partidarias tradicionales funcionan como herramientas para que una minoría poderosa logre capturar los recursos y el mando estatal.
El dominio de las élites sobre el electorado
Se plantea que la “politiquería altamente perfeccionada” ha sido la estrategia utilizada por la minoría nacional para mantener bajo su control a los votantes. Esto ha derivado en una realidad donde el pueblo dominicano se encuentra supeditado a la voluntad de quienes ostentan el poder, lo que se traduce en constantes angustias y padecimientos para los sectores más pobres.
El texto subraya que la estructura actual permite que un grupo muy reducido de ciudadanos gobierne a la gran mayoría de la población, una dinámica que se considera injustificable y que debe cambiar para que el gobierno sea representativo de la generalidad de la gente.
El reto de transformar el sistema electoral
Lograr que el control del Estado pase de las élites a la mayoría de los ciudadanos se describe como una tarea compleja y sumamente trabajosa. No se trata de un proceso sencillo, sino de un desafío que requiere enfrentar a los sectores poderosos directamente en el terreno de las elecciones.
Finalmente, se hace un llamado a abandonar la inactividad y a fomentar un trabajo político activo y con vocación de poder. Se menciona que las fuerzas democráticas locales no han logrado sacudirse el control de quienes actualmente detentan el gobierno, lo que hace necesario un cambio profundo en la forma en que se disputa el dominio de las instituciones.
