El terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 4 de julio de 2026 ha transformado temporalmente la relación entre República Dominicana y ese país, dejando las tensiones políticas bajo los escombros para dar paso a una cooperación humanitaria sin precedentes. Médicos cubanos, voluntarios venezolanos y galenos dominicanos trabajan codo a codo en el Estadio César Nieves de La Guaira, una imagen impensable durante los años de mayor distanciamiento diplomático entre ambas naciones.
Entre 2021 y 2025, las relaciones bilaterales estuvieron marcadas por desacuerdos sobre la crisis política venezolana, el desconocimiento del Gobierno de Nicolás Maduro por parte de Santo Domingo, la suspensión de vuelos comerciales y un enfriamiento general de los vínculos. Sin embargo, el terremoto del 4 de julio de 2026 obligó a dejar las diferencias políticas en un segundo plano para priorizar la asistencia humanitaria.
Cooperación en medio de la emergencia
Como respuesta inmediata, República Dominicana envió un Equipo Médico de Emergencias con 40 profesionales de la salud, rescatistas del Ministerio de Defensa, medicamentos e insumos médicos. La ayuda se suma a la de otros países como Colombia, Brasil, Chile, México y Panamá, que también han enviado alimentos, equipos de rescate y personal especializado.
El canciller Roberto Álvarez afirmó que la vocación pacifista debía servir de guía para encontrar una salida a la crisis venezolana. El funcionario sostuvo que la solución debía surgir mediante un diálogo entre los propios venezolanos, acompañado por la comunidad internacional, y reiteró el compromiso de República Dominicana con una salida democrática, pacífica y negociada.
Antecedentes de una relación compleja
En 2014, Venezuela era el segundo mayor proveedor de combustibles refinados de República Dominicana, con el 17 % del total importado, equivalente a US$ 344 millones. Solo Estados Unidos superaba esa participación, al concentrar el 62 % de las importaciones, unos US$ 1,270 millones, según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y la Dirección General de Aduanas (DGA).
En ese entonces, República Dominicana era signataria del acuerdo Petrocaribe, mediante el cual Venezuela vendía petróleo con amplios plazos y condiciones de pago, incluyendo productos como carne de pollo y grasas comestibles. Sin embargo, un año después, el Gobierno dominicano pagó el 98 % de la deuda con Petrocaribe, y desde 2016 Venezuela dejó de despachar crudo, lo que obligó al país a diversificar sus mercados internacionales.
De hecho, el país importó US$ 1,163 millones por concepto de hidrocarburos durante el tercer trimestre de 2025, una disminución del 5 % respecto a igual período del año anterior, cuando el Ministerio de Energía y Minas registró RD$ 1,230 millones.
De la suspensión de vuelos a la normalización
Uno de los episodios más tensos ocurrió tras las cuestionadas elecciones presidenciales en Venezuela, cuando el Gobierno de Nicolás Maduro anunció en junio de 2024 la suspensión inmediata de las conexiones aéreas con República Dominicana y Panamá, alegando supuestas “acciones injerencistas”. La decisión paralizó las operaciones comerciales y afectó a cientos de pasajeros, turistas y familias.
En enero de 2025, el Gobierno dominicano endureció su posición. La Cancillería emitió un comunicado pidiendo una transición democrática, desconoció al Gobierno venezolano como un “régimen de facto” e insistió en la necesidad de restablecer el orden constitucional. El presidente Luis Abinader reiteró que República Dominicana nunca había reconocido a Nicolás Maduro como presidente legítimo.
El canciller Roberto Álvarez aclaró que no existía ningún cambio en la relación con Venezuela, sino la continuidad de una posición que el Gobierno ya había definido con anterioridad. Explicó que República Dominicana mantenía sus diferencias políticas con el Gobierno venezolano, pero seguía gestionando los asuntos de interés para sus ciudadanos mediante los canales diplomáticos disponibles.
Pasos hacia la distensión
Después de casi 11 meses de suspensión, ambos gobiernos iniciaron conversaciones para restablecer la conectividad aérea. El anuncio de la reanudación de los vuelos fue interpretado como uno de los principales gestos de distensión entre Santo Domingo y Caracas desde el inicio de la crisis diplomática, reactivando el flujo de pasajeros y facilitando la reunificación de familias.
En junio del año pasado, la Junta de Aviación Civil (JAC) autorizó la reactivación de las operaciones aéreas, permitiendo a las aerolíneas programar vuelos regulares. Como parte del proceso de acercamiento, República Dominicana designó a Héctor Pastor Vásquez Frías como nuevo cónsul en Venezuela, fortaleciendo la asistencia a la comunidad dominicana residente en ese país.
El funcionario fue consultado sobre sus primeras prioridades al frente del consulado, pero optó por mantener una posición prudente. Explicó que, por respeto a la jerarquía institucional, no está autorizado en este momento a adelantar aspectos relacionados con su misión. “Sobre mi misión no te puedo decir nada todavía, pues soy muy respetuoso de la jerarquía y no estoy autorizado a tocar aspectos institucionales en estos momentos”, indicó.
El impacto del desastre
La dimensión del desastre continúa creciendo. Según el presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 han dejado 3,535 personas fallecidas y 16,740 heridas. Además, 17,854 personas perdieron sus hogares, 856 edificios resultaron afectados y 190 edificaciones colapsaron completamente.
En las labores de respuesta participan 29,567 efectivos de las Fuerzas Armadas y organismos de seguridad, junto a 27,930 voluntarios. Se han distribuido 9,603 toneladas de alimentos y 86,794 familias han recibido asistencia humanitaria. La Junta de Aviación Civil (JAC) informó que las operaciones aéreas continúan con normalidad hacia la mayoría de los destinos del país sudamericano, aunque el titular de la JAC, Héctor Porcella, destacó que la restricción se limita únicamente a Caracas, cuya terminal aérea, el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, en La Guaira, permanece afectada.

