Amnistía Internacional (AI) exigió a los gobiernos de Estados Unidos y Ecuador que investiguen la desaparición de ocho pescadores ecuatorianos, ocurrida hace seis meses, luego de que su embarcación, el Fiorella, fuera posiblemente atacada por fuerzas estadounidenses en aguas del Pacífico. La organización humanitaria señaló que las autoridades de ambos países deben aclarar si hubo participación de agentes estatales y presentar pruebas sobre lo sucedido.
Según AI, el Comando Sur de Estados Unidos ha llevado a cabo una campaña de ataques aéreos contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas en el Caribe y el Pacífico. Desde septiembre de 2025, más de 60 naves han sido destruidas con ataques cinéticos, resultando en más de 200 muertos, lo que la organización califica como ejecuciones extrajudiciales que deben cesar de inmediato.
El pesquero Fiorella desapareció el 20 de enero de 2026 en aguas internacionales, tras zarpar del puerto de Jaramijó, Ecuador, el 13 de enero. De sus 10 tripulantes, ocho siguen sin ser localizados. Los indicios apuntan a que la nave pudo haber sido blanco de la política antidrogas estadounidense denominada ‘Lanza del Sur’, que también incluyó un ataque sobre Caracas a principios de ese mes.
Reconstrucción de los hechos y denuncias de las familias
El Laboratorio de Evidencias de AI reconstruyó la ruta del Fiorella, confirmando que navegó por aguas ecuatorianas rumbo a las islas Galápagos. La organización se entrevistó con las familias de los desaparecidos en Manta y Jaramijó, y revisó el expediente de la Capitanía de Puerto de Manta.
De acuerdo con los testimonios, desde el cuarto día de navegación, la embarcación fue seguida por aviones, patrullas y drones con insignias estadounidenses. El capitán, Juan Carlos Valencia, comunicó a su familia su preocupación por la vigilancia. Los días 18 y 19 de enero, la tripulación divisó drones y una patrulla marítima. Un sobreviviente relató haber visto ‘una embarcación grande con bandera americana’.
El 20 de enero, dos lanchas pesqueras se desprendieron del Fiorella para tender los espineles. Una de ellas, la Primer Mandamiento, se alejó unas 15 millas náuticas. Alrededor de las 13:00 horas, escucharon gritos de auxilio desde la otra lancha y luego perdieron toda comunicación. Los tripulantes de la Primer Mandamiento divisaron una columna de humo cerca del barco nodriza, sin poder confirmar si se trataba de un incendio. Ellos fueron los únicos sobrevivientes, rescatados el 22 de enero por otro pesquero.
Las familias sospechan que los desaparecidos podrían haber sido detenidos arbitrariamente y trasladados a otro país, como ocurrió con tripulaciones de otras embarcaciones de la zona en marzo. Ana Piquer, directora para América de AI, criticó la respuesta de las autoridades ecuatorianas, calificándola de ‘considerablemente limitada’, a pesar de que la ONU emitió acciones urgentes para la búsqueda de los pescadores.
Según AI, la Fiscalía de Manta no ha solicitado información a Estados Unidos en más de cinco meses, y los dueños del Fiorella enviaron una nave el 26 de enero para buscar restos, encontrando solo el espinel. Las familias denunciaron que un comandante de la Capitanía les sugirió que dejaran de buscar porque los tripulantes estaban muertos y debían ‘atenerse a las consecuencias’, insinuando un vínculo con el narcotráfico.
Piquer cuestionó la falta de investigaciones y recordó que, a diferencia de otros ataques reconocidos por Estados Unidos, el posible hundimiento del Fiorella no fue anunciado por el presidente Donald Trump ni por el Comando Sur. ‘El Departamento de Justicia y las autoridades de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos tienen la responsabilidad de investigar y establecer posibles responsabilidades penales, no sólo con relación al Fiorella, sino de todos los ataques a embarcaciones en alta mar’, concluyó.

