El creciente interés por los péptidos, impulsado por su uso en redes sociales para fines estéticos y de rendimiento físico, ha puesto en la mira a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA). Mientras celebridades y figuras del bienestar los promocionan para mejorar la piel o la musculatura, la comunidad científica advierte que la evidencia sobre su efectividad en seres humanos es todavía muy limitada.
Recientemente, un comité asesor de la FDA, compuesto en parte por especialistas con vínculos con la industria farmacéutica, recomendó el 24 de julio flexibilizar las normas para permitir la fabricación masiva de ciertos péptidos experimentales. Esta decisión, que ahora está en manos de la FDA, podría cambiar el panorama de su regulación y disponibilidad.
¿Qué son y cómo funcionan los péptidos?
Los péptidos consisten en cadenas cortas de aminoácidos, similares a las proteínas, que el cuerpo humano produce de forma natural. Según explicó el químico Fernando Albericio, profesor de investigación en la Universidad de KwaZulu-Natal y experto con más de 50 años de trayectoria, estas sustancias actúan como mensajeros celulares esenciales para el metabolismo, el sistema inmunológico y el control hormonal.
Al ser sustancias que el organismo ya reconoce, los péptidos sintéticos suelen presentar menos efectos secundarios que otros fármacos, ya que se metabolizan rápidamente en aminoácidos. Albericio señaló que:
“Los péptidos se metabolizan muy rápidamente, se van rompiendo y dan aminoácidos, que son totalmente inocuos. No causan ningún daño”
. Actualmente, existen unos 125 péptidos aprobados para uso terapéutico, como la oxitocina utilizada en partos o los enalprilatos para la presión arterial.
El fenómeno de la semaglutida y el efecto Ozempic
El auge mediático de estos compuestos se disparó con la llegada de la semaglutida, el componente activo de medicamentos como Ozempic y Wegovy. Este péptido sintético imita la hormona GLP-1, ayudando a controlar el azúcar en la sangre y reduciendo el apetito, lo que lo convirtió en una herramienta clave para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad.
Este éxito transformó la escala de producción de gramos a toneladas, generando una demanda que supera la capacidad actual de las farmacéuticas. Esta situación ha provocado que la FDA alerte sobre la venta de versiones no autorizadas. Al respecto, Albericio comentó:
“La semaglutida se le está quitando a gente que es diabética para dársela a gente que dice tener sobrepeso. Hay temas éticos alrededos de esto, y mucho dinero”
.
Riesgos de los péptidos experimentales y el biohacking
Más allá de los usos clínicos establecidos, existe una tendencia de consumo de péptidos experimentales para el llamado biohacking, buscando optimizar la longevidad y la apariencia física. Compuestos como el BPC-157 o el TB-500, conocidos popularmente como la “combinación de Wolverine”, se venden en internet para la regeneración muscular, aunque carecen de ensayos clínicos robustos en humanos.
La falta de regulación representa un riesgo, ya que muchas de estas sustancias solo están autorizadas para investigación científica y están prohibidas en el deporte profesional. Aunque figuras como Robert Kennedy Jr. han expresado su apoyo a la flexibilización de estas restricciones, los expertos mantienen la cautela debido a la ausencia de dosis seguras comprobadas y la posibilidad de efectos adversos como pancreatitis o lesiones renales en ciertos pacientes.

