El futuro de la República Dominicana como referente de estabilidad democrática y crecimiento económico en América Latina depende, según un análisis reciente, de la capacidad de sus líderes para mantener la solidez institucional frente a los desafíos de las elecciones de 2028. Aunque factores externos podrían influir, la responsabilidad principal de evitar un retroceso recae en el liderazgo político, económico y social del país.
El texto plantea que, si la nación perdiera su posición de modelo regional, la responsabilidad no debería atribuirse a Washington, sino a los actores internos que gestionan el destino nacional. Se señala que la democracia dominicana ha demostrado una resiliencia excepcional, sobreviviendo a periodos de tiranía, golpes de Estado e intervenciones extranjeras para consolidarse como una de las más sólidas de la región.
Relación con Estados Unidos y la economía nacional
A lo largo de las últimas tres décadas, la política exterior dominicana ha mantenido una relación estrecha y estratégica con Estados Unidos, adaptándose a los distintos gobiernos estadounidenses. Este vínculo ha permitido navegar crisis significativas, como la bancaria de 2003, la inmobiliaria de 2007 y la crisis sanitaria de 2020, manteniendo un crecimiento económico promedio cercano al 5% desde 1996.
El análisis subraya que, si bien ningún mandatario puede adjudicarse por cuenta propia el éxito del Producto Interno Bruto o la consolidación democrática, cada uno ha participado en la construcción del país. En este contexto, se destaca la labor profesional de la embajadora de Estados Unidos, Leah Francis Campos, quien ha mantenido una relación objetiva con la diversidad del liderazgo nacional para promover la política exterior de su gobierno.
Desafíos de los aspirantes presidenciales
El informe critica la postura de algunos aspirantes a la presidencia que buscan ganar favor ante el gobierno de Estados Unidos mediante lisonjas excesivas. Se argumenta que la República Dominicana posee la madurez necesaria para interactuar con Washington desde una posición de soberanía y con sus propios intereses estratégicos.
Actualmente, los intereses compartidos entre ambas naciones se centran en áreas críticas como el combate al narcotráfico, el terrorismo, la lucha contra la corrupción y el lavado de dinero, así como el control de la migración y la contención de la influencia de China en el continente. El análisis concluye que la democracia dominicana tiene el derecho de mantener su relación con Estados Unidos bajo sus propios términos y maniobras estratégicas.
