El panorama político de la República Dominicana hacia el 2028 enfrenta un desafío sin precedentes debido a la influencia de los algoritmos en redes sociales como TikTok, Instagram y Facebook. Esta “democracia del algoritmo” está transformando la manera en que se construye la percepción de los candidatos, permitiendo que la notoriedad digital y la presencia en encuestas precedan a la estructura partidaria tradicional.
El nuevo ecosistema digital altera la lógica política convencional. Mientras que anteriormente el camino hacia una candidatura requería militancia y estructuras sólidas, hoy el proceso puede invertirse: la acumulación de audiencia y la influencia en plataformas digitales se convierten en el motor para alcanzar la aspiración política. En este escenario, la inversión económica en propaganda digital se vuelve más compleja de identificar, ya que la línea entre la opinión ciudadana, el activismo de un militante y el contenido de un influencer pagado es cada vez más difusa.
Riesgos tecnológicos y la vigilancia de la JCE
Las plataformas digitales, cuyo objetivo principal es retener la atención del usuario, suelen priorizar contenidos basados en el conflicto, el miedo o el espectáculo, lo que impacta la profundidad del debate político. Ante esto, la Junta Central Electoral (JCE) ha tomado medidas para abordar estos riesgos. En julio de 2026, la institución coordinó con IDEA Internacional un encuentro con autoridades de 21 países para discutir temas críticos como la inteligencia artificial, la desinformación, la producción masiva de contenido y el uso de deepfakes en las campañas.
Otro punto de tensión es la publicación de encuestas. Aunque la JCE intentó restringir su difusión fuera de los periodos de campaña mediante el artículo 13 del Reglamento 14-2026, el pasado 20 de agosto se suspendió provisionalmente dicha restricción por controversias jurídicas. Esto permite que las mediciones de opinión se utilicen con fines propagandísticos mucho antes de los comicios, creando una “percepción de inevitabilidad” que puede influir en el comportamiento del electorado.
El fenómeno de la abstención electoral
La dinámica digital también podría estar vinculada al incremento de la abstención en el país. Los datos históricos muestran una tendencia al alza: de un 27% en 2004, la abstención subió al 30% en 2016 y alcanzó niveles cercanos al 45% en 2020. En la pasada elección de 2024, la participación no recuperó los niveles previos a la pandemia, situándose nuevamente alrededor del 46%.
Sobre este tema, el partido oficialista PRM ha analizado las causas de este comportamiento desde 2016. Tras los comicios de 2024, el presidente Luis Abinader señaló que su organización logró movilizar a sus electores, planteando la necesidad de investigar por qué otras fuerzas políticas no lograron lo mismo. Aunque no hay pruebas de que se usen algoritmos para desmovilizar al adversario, existe la preocupación de que narrativas digitales como “todos son iguales” o “ya está decidido” generen un efecto de desinterés en la ciudadanía.
Finalmente, un estudio solicitado por la JCE al IIDH/CAPEL indica que la abstención es un fenómeno multicausal que involucra factores políticos, logísticos y socioculturales. El verdadero reto para la democracia dominicana radica en entender cómo el algoritmo influye en la percepción de viabilidad de los candidatos y en la voluntad de los ciudadanos de acudir a las urnas.

