El potencial de los dominicanos residentes en el extranjero supera con creces el impacto económico de los envíos de dinero, según un análisis sobre la importancia del capital humano y la necesidad de crear puentes de inversión para este sector. Aunque las remesas muestran cifras récord, el verdadero valor reside en el talento y las capacidades de los casi tres millones de compatriotas que viven fuera del territorio nacional.
Durante los primeros nueve meses de 2026, el flujo de remesas alcanzó los US$9,489.8 millones, lo que representa un incremento del 6.5% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Solo en el mes de septiembre, el ingreso de divisas superó los US$1,057.1 millones, marcando el séptimo mes consecutivo con cifras por encima de los mil millones de dólares, a pesar de la inestabilidad en el panorama internacional y el alza de los precios del petróleo. Con esta tendencia, se estima que el cierre del año alcance los US$12,600 millones.
Distribución geográfica del apoyo económico
Los datos del Banco Central revelan que la mayor parte de estos recursos proviene de Estados Unidos, que aportó US$780.1 millones en septiembre, es decir, el 80.9% del total mensual. España ocupa el segundo lugar con US$59.9 millones (6.2%), seguida por países como Italia, Haití y Suiza. Esta realidad financiera coincide con la ubicación de la población dominicana en el exterior, la cual asciende a casi tres millones de personas según el Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX).
De este total, cerca de 2.4 millones de dominicanos residen en Estados Unidos, concentrándose principalmente en estados como Nueva York, Nueva Jersey, Florida y Massachusetts. En España se ubican más de 201,000 compatriotas, mientras que otros polos importantes incluyen a Puerto Rico, Italia, Chile, Canadá y Países Bajos.
Más allá del flujo de divisas: el capital humano
Si bien las remesas representan aproximadamente el 10.6% del Producto Interno Bruto (PIB) y son vitales para cubrir necesidades básicas como vivienda, salud y educación, el análisis subraya que esto es apenas una fracción de lo que la diáspora puede aportar. El capital humano, compuesto por profesionales en medicina, educación, tecnología, leyes y artes, constituye un recurso estratégico para la transferencia de conocimientos y la atracción de inversiones.
En este sentido, se destaca la relevancia de iniciativas como el proyecto de ley de repatriación segura de capitales, impulsado desde la Comisión Permanente de Dominicanos Residentes en el Exterior del Senado. El objetivo es ofrecer garantías para que los recursos no solo se envíen como consumo, sino que se transformen en ahorro e inversión productiva mediante facilidades impositivas, seguridad jurídica y procesos simplificados para el emprendimiento.
Hacia una integración efectiva con el país
Para aprovechar este potencial, se plantea la necesidad de reducir la burocracia y crear mecanismos reales de conexión, tales como redes profesionales que vinculen a especialistas del exterior con instituciones locales, fondos de coinversión y una validación ágil de competencias profesionales. El fin es consolidar un entorno de estabilidad y libertad económica que motive a los dominicanos en el extranjero a invertir y, eventualmente, a considerar el retorno al país como una opción de progreso.
