Ante la inminente jornada electoral en Estados Unidos este 3 de noviembre, la República Dominicana enfrenta el reto de blindar su relación con Washington frente a posibles cambios en las mayorías del Congreso estadounidense. El resultado de los comicios impactará directamente en temas estratégicos como el comercio, la seguridad regional, la situación en Haití y la estabilidad de la diáspora dominicana.
La incertidumbre política en la potencia norteamericana radica en la disputa por el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Aunque los sondeos actuales muestran una ventaja para el Partido Demócrata en la Cámara, el escenario en el Senado permanece incierto, con estados clave como Texas, Michigan, Maine, Ohio y Alaska en la mira para definir el equilibrio de poder.
El sistema estadounidense más allá de la Casa Blanca
Para la gestión diplomática dominicana, es vital comprender que el poder en Washington no reside únicamente en la presidencia. La Constitución de Estados Unidos distribuye facultades críticas, como la regulación del comercio, la fijación de aranceles y la aprobación de fondos para ayuda exterior, entre el Ejecutivo y el Congreso. Por ello, la relación de la República Dominicana debe ser con el sistema institucional completo y no solo con la figura del presidente de turno.
Asimismo, el papel de los comités legislativos es fundamental. Estos organismos, compuestos por asesores y personal técnico que suele permanecer en sus cargos por largos periodos, tienen una memoria institucional que influye en la agenda de política exterior. Mantener vínculos con estos equipos, independientemente de si son mayoría o minoría, es una estrategia de supervivencia diplomática.
Neutralidad y el rol de la diáspora
Un principio esencial para la diplomacia dominicana es la neutralidad electoral. Evitar la intervención en las contiendas internas de Estados Unidos protege la autoridad moral del país y evita riesgos en las relaciones bilaterales, tal como han experimentado otros gobiernos de la región al intentar favorecer candidaturas específicas.
Por otro lado, la presencia de más de 1.2 millones de dominicanos en Estados Unidos representa una fuerza política que debe entenderse correctamente. Legisladores con raíces en la isla, como Darializa Ávila Chevalier o Manny Rutinel, actúan como representantes de sus electores estadounidenses y no como delegados de Santo Domingo. Respetar su autonomía es clave para que la diáspora funcione como un puente de comunicación efectivo.
Visión de largo plazo para naciones pequeñas
A diferencia de las potencias que operan en ciclos políticos cortos, los países con economías y estructuras menores requieren una política exterior de largo aliento. Las relaciones internacionales deben cultivarse de manera constante y no solo en momentos de crisis o necesidad urgente.
La estabilidad de la gestión gubernamental dominicana dependerá de su capacidad para dejar una agenda de trabajo documentada y relaciones sólidas que trasciendan los cambios de administración, asegurando que el progreso nacional no se vea afectado por los vaivenes electorales de la potencia vecina.

