La historia ha mostrado que las crisis internacionales de gran escala, como guerras, pandemias o disputas entre potencias, suelen desencadenar efectos económicos que cruzan fronteras rápidamente. En ese contexto, surge la interrogante sobre si República Dominicana está realmente preparada para enfrentar un nuevo choque económico mundial, un tema que el general retirado y geopolítólogol Justo Del Orbe aborda en un análisis de opinión.
La seguridad nacional en el siglo XXI
De acuerdo con Del Orbe, el poder de un Estado en el presente siglo ya no se mide solo por su fuerza militar. La fortaleza económica, la resiliencia institucional, la seguridad energética y la estabilidad financiera son ahora componentes esenciales de la seguridad nacional. Los conflictos modernos han convertido a la infraestructura crítica —como puertos, redes eléctricas y corredores marítimos— en blancos estratégicos, cuya interrupción puede generar perturbaciones globales.
Vulnerabilidades de una economía abierta
Como economía abierta y dependiente de importaciones de hidrocarburos, República Dominicana tiene una alta exposición a las turbulencias internacionales. Una crisis global podría traducirse en un aumento del precio de los combustibles, mayor costo de generación eléctrica, encarecimiento de alimentos y bienes importados, inflación, reducción del poder adquisitivo y presión sobre las finanzas públicas. Sectores como el turismo, la industria y la agricultura sentirían impactos directos o indirectos.
Medidas estratégicas propuestas
El análisis plantea que la preparación no debe limitarse a acciones coyunturales, sino que requiere una política de Estado basada en planificación estratégica y gestión de riesgos. Entre las acciones clave se mencionan la creación de una Reserva Estratégica Nacional de Energía, la diversificación del abastecimiento energético, la aceleración de la transición hacia fuentes renovables como la solar y eólica, y el fortalecimiento de la seguridad alimentaria mediante el aumento de la producción nacional.
También se sugiere consolidar la estabilidad macroeconómica con escenarios previamente diseñados por el Banco Central y el Ministerio de Hacienda, elaborar un Plan Nacional de Resiliencia Económica, proteger las infraestructuras críticas, fortalecer la inteligencia estratégica del Estado e integrar la seguridad económica al Sistema de Seguridad y Defensa Nacional.
Una lección estratégica
Del Orbe concluye que los Estados que mejor enfrentan las crisis no son los más ricos, sino aquellos que anticipan riesgos y diseñan políticas preventivas. En un mundo de tensiones geopolíticas crecientes, la preparación se convierte en una responsabilidad permanente. La verdadera fortaleza nacional, señala, reside en la inteligencia para prever, la planificación para reducir efectos y la voluntad política para proteger el bienestar de la población.
