El Gobierno dominicano trabaja actualmente en la negociación de un Acuerdo de Comercio Recíproco (ACR) con Estados Unidos, con el fin de mitigar el impacto del arancel del 12.5% que Washington aplica a ciertas exportaciones del país. Esta medida busca proteger la competitividad de sectores clave, especialmente el de las zonas francas, que se ven afectados por este gravamen.
Sin embargo, el análisis sugiere que la gestión gubernamental no debe limitarse únicamente a recuperar las condiciones comerciales previas, sino que debe aprovechar la ubicación geográfica y la afinidad política con Estados Unidos para buscar una integración productiva mucho más profunda. El objetivo estratégico sería pasar de un modelo basado solo en la venta de productos a uno donde la República Dominicana funcione como una plataforma complementaria para la producción estadounidense.
De la exportación a la producción conjunta
El contexto económico global ha cambiado significativamente desde la implementación de tratados como el CAFTA-DR. Mientras que hace dos décadas el enfoque era la apertura de mercados y la reducción de barreras, la agenda actual de Estados Unidos se centra en la seguridad económica y la estabilidad de las cadenas de suministro. Fenómenos como el nearshoring y el friendshoring ofrecen una ventana de oportunidad para que el país se integre en la fabricación de productos de alta tecnología y mayor valor agregado.
Las zonas francas dominicanas ya cuentan con una base sólida para este salto cualitativo, tras haber registrado exportaciones por US$8,604.6 millones en 2025 y generar más de 200,000 puestos de trabajo. Además, la inversión extranjera acumulada en este sector alcanza los US$2,614 millones, donde Estados Unidos aporta el 32% del total, concentrándose especialmente en el área médica y farmacéutica.
La urgencia de una estrategia de largo plazo
Aunque para los empresarios de las zonas francas la prioridad inmediata es resolver el problema arancelario para proteger sus márgenes y empleos, se plantea que la responsabilidad del Estado debe ir más allá de los intereses sectoriales para enfocarse en el desarrollo nacional estratégico. La competencia con otros países como México y Costa Rica exige una respuesta rápida para no perder la oportunidad de atraer nuevas inversiones en el marco de la reorganización de las cadenas de suministro mundiales.
La propuesta consiste en utilizar los próximos dos años para resolver la situación arancelaria mediante el ACR, mientras se construye simultáneamente una política de integración productiva de largo plazo. El desafío para la gestión actual es transformar la relación comercial para que la República Dominicana no solo venda más a Estados Unidos, sino que produzca junto a ellos, elevando así el nivel del desarrollo industrial y exportador del país.

