La participación ciudadana en los procesos electorales de la República Dominicana ha experimentado un descenso alarmante, llegando a un punto en el que aproximadamente la mitad de los electores opta por no acudir a las urnas. Según datos históricos, la abstención en las elecciones de 2024 se situó cerca del 46%, lo que marca un contraste drástico con el 23% registrado en 1996.
Este fenómeno, que refleja una preocupación por el estado de la democracia en el país, no responde únicamente a una falta de interés. Un estudio realizado por el IIDH-CAPEL a solicitud de la Junta Central Electoral (JCE) señala que existen factores estructurales detrás de esta tendencia, tales como la desconfianza en la clase política, la ausencia de propuestas que resulten atractivas, complicaciones con el transporte, las distancias a los centros de votación y diversas limitaciones de tiempo o laborales.
Evolución del desinterés en las urnas
Las cifras muestran una trayectoria ascendente en la falta de participación durante las últimas tres décadas. Mientras que en los años 90 y principios de los 2000 la abstención se mantenía en un rango de entre el 23% y el 29%, el salto hacia el 2020 fue significativo al superar el 44%. La tendencia se ha mantenido en niveles similares en el proceso más reciente de 2024.
Si bien factores individuales como enfermedades, trabajo o residencia en el extranjero influyen en la decisión de no votar, el análisis sugiere que la responsabilidad también recae en la oferta de los partidos políticos. Se cuestiona si las dirigencias partidarias están logrando conectar con las inquietudes y aspiraciones de las nuevas generaciones o si continúan empleando métodos que pierden vigencia frente a una sociedad en constante transformación.
Propuestas para fortalecer la democracia
Para revertir esta situación, la investigación de IIDH-CAPEL sugiere implementar medidas como el fortalecimiento de la educación cívica, la renovación de las plataformas políticas y la mejora en el acceso a los centros de votación. Asimismo, se plantea la posibilidad de discutir incentivos cívicos para quienes ejerzan su derecho, tales como facilidades en trámites públicos, sin que esto afecte la libertad del elector.
Finalmente, se subraya que la solución no es meramente administrativa. Para atraer nuevamente a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, la política debe abordar temas tangibles como la seguridad, el empleo, la vivienda, la educación y la calidad de vida, logrando que la participación sea percibida nuevamente como una herramienta con impacto real en su entorno.

