El escenario político en Haití sugiere que Estados Unidos busca impulsar un proceso electoral antes de que finalice el año para intentar resolver la crisis institucional, económica y social, así como la violencia que azota a la nación vecina. Sin embargo, la falta de condiciones básicas de seguridad, la carencia de un registro electoral depurado, la ausencia de infraestructura para centros de votación y la falta de personal capacitado para el escrutinio ponen en duda la viabilidad de tales comicios.
Ante este panorama, se plantea que el rumbo de estos posibles comicios no se decidirá en ciudades haitianas como Puerto Príncipe, Cabo Haitiano o Gonaïves, sino en Washington. En este contexto, resulta vital que la diplomacia dominicana intervenga activamente para asegurar que las decisiones tomadas no ignoren los intereses nacionales de la República Dominicana.
Amenazas a la seguridad y estabilidad regional
La situación en Haití representa una amenaza directa para la seguridad dominicana, principalmente por el riesgo de infiltración de grupos criminales en territorio nacional y la dificultad de combatir el crimen transnacional debido a la debilidad del gobierno haitiano y la falta de interlocución oficial.
Un factor de preocupación mayor es la posibilidad de que un líder populista y hostil hacia la República Dominicana asuma el poder. Un gobierno con este perfil podría utilizar el sentimiento anti-dominicano para ganar apoyo interno, lo que derivaría en ataques al turismo, inestabilidad comercial o incluso tácticas de guerra híbrida, similares a la crisis migratoria provocada por Marruecos en Ceuta, España.
Perfiles de posibles candidatos y postura nacional
La naturaleza de los posibles candidatos refuerza esta preocupación. Entre ellos se mencionan figuras como Claude Joseph, conocido por su animadversión hacia el país y su uso del victimismo; el expresidente Martinelli, señalado por su comportamiento tras la sentencia TC168; y Guy Philippe, un líder con antecedentes parapoliciales cuyo rol en la transición estadounidense sigue siendo incierto.
Por tales razones, la República Dominicana debe mantener una vigilancia constante y aprovechar la actual apertura de la diplomacia estadounidense hacia la realidad de la relación dominico-haitiana, con el objetivo de evitar que un liderazgo enemigo llegue al poder en el país vecino.

